28 Mar 09

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Google Dance 2007
Creative Commons License photo credit: CircumerroStock

Además tendríamos que preguntarnos qué hacemos desde la perspectiva de la motivación. ¿Qué hay de los incentivos reales para ser innovadores y creativos desde una perspectiva de rentabilidad social?. No es ningún secreto que la efectividad de nuestras políticas de incentivos es muy baja. Los escasos incentivos existentes en las universidades (de un gran número de países) vienen a legitimar métodos y modelos bastante divergentes de objetivos que realmente estén ligados a la rentabilidad social de los que hacemos.

Google rompió los esquemas de propios y extraños al introducir una política laboral realmente revolucionaria -a juzgar por los resultados que a continuación mencionamos- centrada en dejar sus trabajadores que emplearan libremente el 20% de su tiempo en el desarrollo de proyectos elegidos por ellos mismos. Sobre este tema quizás fuera interesante reflexionar un poco.

La creatividad 20% de Google

Sí, lo que era una apuesta de Google que los directores de recursos humanos en las empresas veían con escepticismo, se ha convertido en un método revolucionario, a juzgar por los resultados. Proyectos como Gmail, Google News, Google Talk, Orkut, Google Sky (una herramienta de Google Earth), Google Moderator, Recharge IT (medio ambiente), Google Grants… son algunos de los productos visibles derivados de la política “20 por cien” de Google.

Es obvio que nada parecería más estimulante que llevar a cabo las ideas de las que estás convencido y te crees más preparado para desarrollar. Incluso, si no fueras capaz de hacerlas llegar a buen puerto, quizás esto te lleve a plantearte a ser más colaborativo y apoyar y trabajar en otras ideas no propias. Fortalecer la productividad y cohesión del trabajo en equipo no es algo sin sentido. Por bastantes razones hay suficiente base para pensar que una iniciativa como la de Google puede tener efectos beneficiosos en la competitividad y el grado de compromiso e identificación corporativa de los empleados.

En cualquier caso resulta realmente atractivo considerar que un espacio de libertad laboral puede llegar ser mucho más efectivo que un espacio de controles restrictivos que coarte la creatividad y la propia eficiencia de nuestra producción intelectual.

La creatividad y rentabilidad social del trabajo universitario

Podría ser un ejercicio interesante analizar si en nuestras universidades cabrían políticas del “20 por ciento”. Una apresurada reflexión nos podría llevar a la conclusión que esa libertad existe y quizás para algunos en mayor medida de un 20%. La pregunta que obviamente surge de inmediato es porqué nuestro output no es tan productivo como el obtiene Google de sus empleados.

Un reflexión más serena quizás nos desvelaría que lo que falla, más allá de los reconocimientos jurídicos y oficiales, es la competitividad de nuestro producto, la relevancia social del mismo, acorde con los rápidos cambios y nuevas demandas que somos incapaces de satisfacer adecuadamente.

Habría que partir de un concepto de “output universitario” socialmente productivo e internacionalmente competitivo que brilla por su ausencia. La escasa conversión de nuestra producción investigadora en patentes o en transferencia de tecnología y conocimiento, en general viene a desvelar la existencia de indicadores y evaluaciones endogámicas, carentes de validación relevante en un mercado global cada vez más exigente.

Es frustrante observar que disfrutamos de un espacio de libertad (autonomía universitaria, libertad de cátedra) comparable a las políticas laborales de las empresas más modernas y avanzadas, pero con unos resultados bastante más pobres.

Nos hace falta un análisis profundo sobre estas cuestiones. Los incentivos para los universitarios podrían ser más relevantes si los compromisos y retos sociales fueran más ambiciosos. Dicho de otra forma, si dedicáramos un 20% de nuestro esfuerzo en desarrollar estusiásticamente ideas competitivas, deberíamos estar convencidos de que nuestras universidades serán capaces y eficientes a la hora de “comercializar” nuestro producto. ¿Y lo estamos? Quizás sea esta la cuestión.

Fuente: Universia

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